La próxima vez que te enfermes, mejor ve a la doctora
¿Alguna vez te has preguntado si da igual ir al doctor que a la doctora? La primera mujer que estudió medicina en México fue Matilde Montoya, quien entró a la uni en 1882. A la pobre Matilde le llovieron los haters porque, claro, ¿a quién se le ocurre que una mujer estudie medicina? *rolls eyes*
“Un estudio de hace unos años... encontró que como paciente te va mejor si te trata una doctora.”
Más de un siglo después, el camino es distinto, pero las médicas siguen enfrentando obstáculos que muchos colegas hombres ni ven ni se imaginan. En México, según la ENOE, sólo 46 de cada 100 doctores son mujeres, aunque varía por estado. Y para sorpresa de nadie, las doctoras ganan menos.
Un estudio de hace unos años, (sí, hecho solo por autores hombres, ironías de la vida) analizó más de 1.5 millones de hospitalizaciones en personas de 65+ años y encontró algo importante: si te atiende una mujer te va mejor.
Menos mortalidad. Menos reingresos. Independientemente de la gravedad, la enfermedad o el tipo de hospital. Y después de ajustar para experiencia, formación, características de pacientes, recursos hospitalarios y más.
Ese estudio calculó que si los médicos hombres alcanzaran los mismos resultados que las médicas, solo en EE.UU. se podrían salvar más de 32,000 vidas al año.
Pero lo más interesante es que no es un hallazgo aislado. Desde entonces han salido muchos estudios más demostrando esto una y otra vez. Por ejemplo, este estudio en 1,000,000 de personas que demuestra las personas operadas por cirujanas tuvieron menos complicaciones y menos mortalidad comparadas con las que fueron operadas por cirujanos y que además esto hizo que se gastara menos en gastos de la salud. Además las doctoras pasan más tiempo en el expediente electrónico y contestando a preguntas de sus pacientes que los doctores, lo cual podría contribuir a más burnout.
La pregunta obvia es: ¿por qué pasa esto? La respuesta honesta es… aún no lo sabemos del todo.
Creemos que es encarte porque las médicas tendemos a apegarnos más a las guías clínicas, practicamos más medicina basada en evidencia y nos comunicamos de una manera que mejora la comprensión y la adherencia al tratamiento. Pero necesitamos más investigación para entender el mecanismo real.
Este tipo de estudios siempre tiene limitaciones (es imposible medir todas las variables humanas), y casi todos se hacen en EE.UU.. En México y Latam no se ha hecho uno equivalente, pero considerando la consistencia de los resultados internacionales, es muy probable que veamos algo parecido.
Lo importante aquí no es usar estos datos como competencia entre géneros. Lo relevante es identificar qué estámos haciendo bien (y diferente) las médicas para poderte ofrecerte a ti, como paciente los mejores resultados.
Mientras tanto, queda algo claro: reconocer el trabajo de las médicas, exigir que se nos pague igual que a los médicos y que tengamos acceso a las mismas oportunidades no es una cortesía, es un tema de salud pública.
Y ya que estamos en esas… cuando escojas quién te va a atender, piénsalo dos veces.
Ah, y por favor nunca le digas “señorita” a la doctora.
Fuente principal: Tsugawa et al, JAMA Intern Med., 2017. / Fuentes secundarias están en los links del texto