Una pizza y boom tu metabolismo se vuelve loco. ¿Qué, cómo y por qué?
Es viernes en la noche, tuviste una semana horrible y te URRRGE llegar a tu casa, ponerte tus pants, pedirte algo de comer y poner tu serie favorita en Netflix. Y de repente, ¡zas! te echaste una pizza entera de sentón o una hamburguesa obvi con todo y papas o hasta unos tacos de suadero bien grasositos. Y claro en el momento sabe a gloria, el problema es que una sola dosis de grasas saturadas, puede sacar a tu metabolismo bastante de onda. Aquí te explico qué pasa.
“Cuando analizamos el metabolismo de estos chavos, encontramos cambios que normalmente sólo se dan en personas con obesidad o diabetes”
En este estudio que publicamos hace unos años. Queríamos ver si comer grasa perjudica luego luego el metabolismo aún en personas jóvenes y sanas. El metabolismo suena como algo súper complicado, pero en realidad es simplemente la forma en que tu cuerpo produce y usa energía.
El diseño fue tipo cross-over: los mismos participantes vinieron dos veces, un día les dimos una bebida con grasa saturada derivada de aceite de palma (equivalente aproximadamente a una pizza mediana de peperoni, a 9 tacos de barbacoa, 14 al pastor o una hamburguesa con papas) y otro día (tiempo después) sólo agua. Después, medimos la sensibilidad a la insulina y cómo su cuerpo manejó la grasa y el azúcar. Hicimos exactamente los mismos experimentos en ratones, para ver si lo que pasaba en humanos también pasaba en animales. (Spoiler: sí).
Pues que cuando analizamos el metabolismo de estos chavos, después de tomarse su aceitito, encontramos varios cambios que normalmente sólo se dan en gente obesa o con prediabetes. Por ejemplo, en gente joven y sana no es normal tener grasa guardada en el hígado, pero después de tomarse el aceite parte de las grasas se guardaron en el hígado. En gente con obesidad, esto es muy común. Con el tiempo la acumulación de grasa en tejidos donde no pertenece como el hígado o los músculos aumenta el riesgo de diabetes. Además, después de tomar aceite algunos genes, que normalmente están activados en gente con obesidad, hígado graso o diabetes también se activaron.
Encima de todo esto, horas después de la dosis de aceite, cuando checamos si cambió la sensibilidad a la insulina, vimos cambios en el músculo, tejido graso y el hígado. ¿Y eso qué? Pues nuestro cuerpo necesita la hormona insulina para dejar entrar el azúcar en las células, para obtener energía. En este experimento el aceite generó una resistencia a la insulina, o sea que aunque el cuerpo seguía produciéndola, no podía hacer normalmente su función, así que las células no podían usar el azúcar como deberían. Esto de nuevo es común en personas con obesidad, prediales o diabetes pero no tanto en personas jóvenes y delgadas. Lo bueno es que estos efectos no son permanentes.
¿Y eso qué significa? ¿Comer mucha grasa una vez te da diabetes? ¡No! A ciencia cierta, no sabemos del todo qué onda. Lo que creemos, es que la gente joven, sana y delgada tiene maneras de compensar esa “prediabetes” temporal, para que no les haga daño a la larga. Pero eso no significa que está bien irse a comer todos los taquitos que quieras. Creemos que después de estar expuesta constantemente a estos estímulos, llega un momento en el que ya el cuerpo no puede compensar y se da la diabetes. Es un poco como una liga, si una vez la estiras mucho lo más probable es que regrese a su estado inicial. Si diario juegas a estirarla, y estirarla, y estirarla, va a llegar un momento en que se va a hacer grande o se rompa. Así es un poco el metabolismo.
Y aunque estos hallazgos están muy interesantes, no sabemos qué pasa con otros tipos de grasas. Tampoco sabemos qué pasa con gente de diferentes géneros porque este estudio sólo sólo incluyó a hombres (ya sé, don’t come for me), ni edades, pero ya se están haciendo experimentos para averiguar. Así que ahora ya sabes por qué hay que intentar favorecer une dieta equilibrada, pero más importante sabes por qué. ¡Si aprendiste algo no se te olvide compartir con alguien que ame los tacos (o la pizza)!
Fuente principal: Álvarez Hernández et al, JCI, 2017